Etiquetas

Mostrando las entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de diciembre de 2014

Animales: derechos sin obligaciones, por Luis Manuel Arellano

Una aberración ética disfrazada de "justicia".


Resulta que en Argentina, a una orangután hembra, se le han concedido "derechos humanos básicos como un sujeto no humano". ¿Qué implica? A continuación una disertación a la luz de la ética.
_______________________________

Animales: derechos sin obligaciones


Los derechos humanos no son para los animales, pero todo indica que la expresión aguda de la llamada “ecolatría” sigue cosechando frutos en esta tarea de hacerlo creer, merced a la distorsión semántica en que ha caído la agenda ecologista. La aceptación de una corte argentina respecto a que una hembra de orangután debe ser liberada del cautiverio en un zoológico bajo la premisa de que fue privada de su “libertad”, es tan aberrante como la forma violenta en que miles de animales son tratados bajo cautiverio.
Esta expresión de activismo extremo viene a ser una evolución del rupestre tufo con el cual el mal llamado Partido Verde Ecologista de México ha logrado prohibir animales en circos, bajo la falsa premisa de que se les maltrata.
Con esta medida, hay que subrayarlo, no se extingue ni castiga la vejación de animales sino que acaso se extirpa en una de sus expresiones, cuando lo ideal habría sido impulsar una cultura de respeto y trato digno para los animales pero sobre todo para nuestra propia especie.
Es impresionante observar que frente a tantos seres humanos desprotegidos abundan especies animales que gozan de una sobre protección sobre la cual no hay debate. 
Antes de continuar quiero precisar que condeno la violencia contra cualquier animal; sin embargo me provoca una seria irritación el surgimiento de organizaciones promotoras de los “derechos de los animales” cuando todavía tenemos de manera colectiva una enorme deuda con nuestro propio orden, dado que millones de personas permanecen ajenas al beneficio de derechos universales tan básicos como la alimentación, educación, salud, trabajo y vivienda. Es impresionante observar que frente a tantos seres humanos desprotegidos abundan especies animales que gozan de una sobre protección sobre la cual no hay debate. Un caso extremo lo observamos con los osos panda, en cautiverio pero bien alimentados, protegidos y usados como ornamento para delicia de los públicos exquisitos que buscan congraciarse con las cosas “bonitas” de la naturaleza.
Sandra, así se llama la hembra de orangután, es el primer animal en recibir “derechos humanos básicos como un sujeto no humano”; e independientemente de que la dejen en libertad, preocupa que se destinen recursos en tratar de comprender su caso cuando –insisto-- abundan humanos sin atención gubernamental, privada ni social, al grado que se transforman en parte del paisaje público. Los argumentos de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales, la AFADA, de Argentina, llegan al extremo de plantear que existen animales “sintientes”(sic) que se encuentran injusta y arbitrariamente privados de su libertad en zoológicos, circos, parques acuáticos y centros de experimentación. No está por demás agregar que la visión de una instancia impartidora de justicia en esa misma nación que acepta el recurso de habeas corpus en beneficio de un animal resulta igualmente irritante.
Hace más de 20 años el filósofo Fernando Savater denunció dicho extremismo: “lo que el ecólatra venera, lo sepa o no, no es el logro de un mejor hábitat para el hombre, sino la pureza antihumana de una naturaleza de la que el hombre está ausente”. Al profundizar en el tema, advirtió que el funcionamiento natural no reconoce derechos y que por ello son las propias especies animales las que han hecho desaparecer más especies vegetales y animales que el mismo hombre.
Yo suscribo aquellas reflexiones y hago mía la sentencia de Savater cuando señala:
“Derecho implica reciprocidad, concesión y deber”.
¿O es que los ultra promotores de humanizar animales harán algo para detener a las variedades depredadoras? Absurdo planteamiento, sin duda, pero equiparable a la ceguera en que estos activistas viven.
Lo cierto, empero, es que al construir “derechos” sin obligaciones para algunas especies animales se edifican también argumentos que mañana serán empleados con fines de exclusión en grupos de poder.
Volviendo al PVEM, es preocupante mirar tanta mezquindad con este tema cuando dicho instituto político, que recibe recursos millonarios del erario, distorsiona sus “logros” legislativos presentando spots manipulados y torpemente editados. Lo peor, sin duda, es que el pensamiento de los activistas defensores de animales tiene al menos un razonamiento miope, mientras que el planteamiento “verde” en México no es ni ecológico ni mucho menos ecólatra, sino expresión de oportunismo barato aunque redituable. Es decir, oscuro pero tan lleno de agujeros que simplemente nos dejan verlo.

REFERENCIAS

____________________________________
Liga a artículo original:

sábado, 18 de octubre de 2014

Miente el Bambino... o cuando menos, exagera.

Imprecisiones de Héctor Veira en la TV argentina


En días pasados, en un show que se transmite en la televisión argentina, Héctor Veira contó una "anécdota" de su paso por el Club de Futbol Laguna. En el siguiente video se puede escuchar íntegramente dicha historia en la que el ahora comentarista televisivo cuenta que, en un partido en el que la Ola Verde visitó al América en el estadio Azteca, el arquero titular, Salvador Kuri, se lesionó; así que en su lugar tuvo que alinear el arquero Blas Sánchez, quien en la víspera del encuentro se encontraba totalmente ebrio.




Video de la narración de Veira en la TV argentina.
Revisando el paso del "Bambino" por el conjunto albiverde, encontramos que su debut se produjo el domingo 24 de octubre de 1971, en partido amistoso en el que Laguna recibió al Atlante en vísperas del Campeonato 1971-72, mismo que quedó empatado a un gol, siendo el tanto del conjunto lagunero anotado por el recién contratado. Un día antes de dicho partido había renunciado el húngaro Jorge Marik como director técnico del cuadro lagunero; se fue sin decir adios y su lugar fue tomado interinamente por Claudionor Barbosa, para la posterior llegada de José Moncebáez.


Publicidad del partido Laguna vs Atlante donde se anuncia el debut del Bambino Veira

Sólo dos visitas al cuadro azulcrema realizó el Bambino con el conjunto verdiblanco, ambas durante el año 1972, mismas que aquí se reseñan.

Primer partido, 23 de enero 1972.

El único partido que cae en el contexto del cuento de Veira es éste, en el cuál efectivamente, el arquero albiverde fue Blas Sánchez. Correspondió a la jornada 13 del Torneo de Liga 1971-72. Veamos la nota del diario Excélsior, reproducida por El Siglo de Torreón, relativa al encuentro en cuestión.

El América venció 2-0, a un lento cuadro lagunero.
Sergio Ceballos, extremo izquierdo del América, llevó al triunfo a su equipo con dos extraordinarios goles de cabeza sobre un lento cuadro lagunero que estuvo en la cancha del Estadio Azteca. Con esta victoria el América se coloca nuevamente de líder del Grupo "A" con 22 puntos.
Cincuenta y cuatro minutos tardaron los canarios en romper el juego semilento que les había planteado el Laguna. Ambos equipos realizaron su juego en la media cancha, sin que llegara a fraguar sus jugadas en el área enemiga a todo lo largo de la primera parte, que terminó con un empate a cero goles.
En la segunda parte, las cosas cambiaron por parte del América, que inició su penetración por los extremos, dándole a la zaga lagunera trabajo suficiente para no permitir siquiera algún contraataque. Aquí, Blas Sánchez, portero del Laguna, tuvo certeras intervenciones que le valieron los aplausos del público.
Fue al minuto nueve de esa segunda parte cuando se inició el cambio en la fisonomía del juego. Osvaldo Castro dio un pase corto a Monito Rodríguez, y éste, con serenidad dribló a dos defensas por el extremo derecho del área lagunera; mandó el balón a Toninho y éste centró de primera intención a Ceballos, quien remató con la cabeza apurado por dos defensas mandando el balón hasta las redes de la portería de Blas Sánchez que no pudo evitar el primer gol.
Con el marcador a su favor el América sentó su juego en la media cancha dirigido siempre por Roberto Hodge quien subía con la confianza de que sus defensas no tenían problemas. Sin embargo, los delanteros del Laguna buscaron llegar al área americanista por conducto de Aussín, quien al minuto 23 de esta segunda fase falló un gol que le brindó Veira.
El técnico José Antonio Roca realizó un cambio al minuto 69, sacando a Toninho por Herrero, después de discutir con el árbitro quien no permitió la entrada de Rubén Cárdenas, al que Roca había designado originalmente para sustituir al brasileño.
Al minuto 83, fue anulado un gol americanista por el árbitro Domingo de la Mora. Ceballos mandó un centro desde el extremo izquierdo para Borja, el portero Blas Sánchez salió a despejar y tocó el balón con la punta de los dedos que sólo sirvió para que el Monito Rodríguez rematara con la cabeza mandando la esférica hasta el fondo de las mallas. De la Mora anuló el que hubiera sido el tercer gol de los canarios, indicando un fuera de lugar que sólo él vio.
Dos minutos antes de que finalizara el partido, Ceballos recibió un centro de Trujillo, rematando el balón con la cabeza y logrando así el segundo gol del América.
Alineaciones: 
América: 
Cortés; Trjuillo, Zamora, Hernández y Pérez; Toninho (Herrero), Hodge y Castro; Rodríguez, Borja y Ceballos.
Laguna:
Blas Sánchez; Ramírez, Salinas, Lasso y González; Rendo, Lostanau y Piña; Aussín (Barba), Veira y Jáuregui (Miguel Ángel Micó).
Arbitró Domingo de la Mora, quien estuvo bien, excepto la alineación del gol del Monito Rodríguez.

Fotografía aparecida en El Siglo de Torreón el 24 de enero 1972
En la nota se da cuenta de las "certeras intervenciones" del arquero Blas Sánchez, "que le valieron los aplausos del público". Lo anterior contrasta diametralmente con la versión del "Bambino", quien comenta que Blas jugó "cayéndose de borracho". Miente también el pampero, cuando afirma que al minuto treinta ya tenían los de la "Ola Verde" cinco goles en contra; ya que aquí la crónica confirma que fue hasta el minuto 54 cuando se rompió el empate a cero.

Segundo partido, 15 de octubre 1972.

El segundo encuentro que Héctor Veira disputó en el estadio Azteca en contra de América se dio durante la jornada 3 del campeonato 1972-73. La crónica enviada por la Asociación de Editores de los Estados (AEE) reproducida por el diario lagunero El Siglo de Torreón narra lo siguiente:

Con un gol de Penalty América derrotó ayer al equipo Laguna.
Un penalty cobrado por Carlos Reinoso a los 25 minutos del período inicial dio al América su primer triunfo en el actual Campeonato de Liga, al doblegar por 1-0 al Laguna en el estadio Azteca.
Sólo así pudo el América vulnerar la recia defensiva que presentó su oponente. Fue también para el América su primer gol de la campaña.
El partido fue soso en la mayor parte de su desarrollo. Se inició con una ligera presión por parte de los "Cremas" con base en la velocidad de Reinoso y en la potencia del disparo de Osvaldo Castro.
Sin embargo, esa presión no pudo fructificar en goles dada la perfecta colocación de la defensa de los visitantes, que se vieron reforzados por Claudio Lostanau, encargado de mantener la comunicación entre zagueros y atacantes.
El gol que decidió el encuentro se produjo a los 25 minutos. La jugada se inició en servicio de Reinoso para Borja, pero se cruzó el defensa Guillén, llevándose el esférico con la mano izquierda.
El árbitro Arturo Yamasaki, decretó de inmediato la pena máxima, misma que fue ejecutada por el propio Reinoso, hacia la derecha de Castrejón.
Fue a los 30 de la primera parte cuando el Laguna tuvo mayor oportunidad de gol al disparar Micó, por el lado izquierdo y a media altura, para que Cortés cediera a corner, no sin pasar grandes apuros.
Lo más interesante del segundo tiempo estuvo a cargo del América. A los 24 minutos Reinoso habilitó a Castro, quien anotó en fuera de lugar.

Por cierto, el gol al que se hace mención fue vía un penal regalado - desde aquel entonces se estilaba -  al América por parte del silbante Yamasaki. He aquí la acción.





Como podemos ver, en esta segunda visita de Veira ante América, el arquero lagunero no fue Blas Sánchez, quien para aquella temporada había sido transferido al cuadro de la U.N.A.M. a cambio del también guardavallas Paco Castrejón, quien jugó en el encuentro arriba reseñado.Además, como explicaremos más adelante, Veira no jugó aquél partido por estar en problemas con la directiva del Club Laguna.

Dado lo anterior, la narración de Veira para la televisión argentina no pasa de ser un mero disparate. Quizá Héctor ignora que sus palabras ya no se quedan en el ámbito local, y pueden ser fácilmente desmentidas.


Héctor Veira el día de su matrimonio con Lidia Pepe


Veira, jugador talentoso y a la vez, problemático.
Héctor Veira es recordado en la Comarca Lagunera por sus innegables virtudes y talento como jugador, así como por sus aventuras fuera de la cancha. Quienes vivieron aquella época cuentan que el rubio jugador argentino llegó junto con su esposa Lidia Esther Pepe, quien había sido electa Miss Argentina en el año 1969. Durante su estadía, mientras ella atraía las miradas de los socios del Club San Isidro cuando se aparecía en la alberca de dicho club, Héctor - tal y como cuenta el secreto a voces en la Comarca - se refocilaba con cuanta fémina lagunera se cruzaba por su camino. Tras la culminación de la temporada 1971-72, el Bambino buscó salir de la Ola Verde. No obstante ser un elemento problemático en el vestidor, y de conducta licenciosa fuera de la cancha, el Club de Futbol Laguna se mostraba interesado en retenerlo para la temporada 1972-73.

El 18 de octubre de 1972 apareció en El Siglo de Torreón una aclaración por parte de los directivos del club que a la letra decía:

Aclaración en el caso de H. Veira
"Cuando el Sr. Francisco Dávila y yo, estuvimos en Argentina para contratar a los jugadores Héctor Veira y Alberto Rendo, llegamos a un acuerdo con el Huracán para pagar por los dos un total de 20 millones de pesos argentinos, sin especificar cuánto costaba uno y otro, pues se adquiría 'el paquete' como se dice, o sea, a los dos futbolistas".
Las palabras anteriores fueron expresadas por el Sr. José Gancz, directivo del Club Laguna, quien hablando sobre el ya sonado caso Veira agregó:
"En ese entonces la cotización del peso argentino era exactamente de 600 por un dólar, así pues el monto de la operación fue de 33,333 dólares, más gastos de pasajes para cuatro personas, siendo el costo de cada jugador de aproximadamente 17 mil dólares".
"Hemos estado ofreciendo a Veira por 20 mil dólares, y no por 25 mil como él dice. De esos 20 mil, le tocarían cinco mil al 'Bambino' por su comisión, así que a nosotros nos quedarían 15 mil dólares, con lo que perderíamos dos mil, pero eso no importa pues lo que deseamos es dar facilidades a Veira para que se acomode en cualquier otro equipo".
"Incluso le hemos ofrecido en 15 mil dólares su carta".
"También debo informar que a todos los clubes de Primera División, sin excepción, hemos ofrecido a este jugador, y  ninguno absolutamente se ha mostrado interesado en contratarlo".
"No existe ningún problema personal de la directiva contra él, por el contrario, a pesar de las declaraciones carentes de veracidad que ha expresado, queremos ayudarlo, pero tampoco podemos perder más de la cuenta".


Finalmente, el día 1 de noviembre de aquel año, Héctor se reincorporó a las filas del cuadro verdiblanco para la temporada 1972-73, misma que resultó ser desastrosa para los de San Isidro, quienes debieron jugar la liguilla por la permanencia para lograr evitar el descenso. La paciencia de los directivos laguneros se agotó. El día 29 de marzo de 1973, la directiva del Club Laguna por conducto del Lic. Fernando López Borrego, Gerente del Club, emitió un boletín de prensa, que a la letra decía:

Boletín de Prensa.
El Club de Futbol Laguna con el deseo de lograr un mejor rendimiento de sus jugadores, ha determinado obrar con energía con aquellos elementos que no han trabajado con verdadero profesionalismo, con actos de indisciplina, de bajo rendimiento, con actitudes negativas todas ellas perjudiciales al buen manejo y desarrollo del equipo.
Se pretende imponer un castigo ejemplar a quienes han incurrido en estas faltas, y para ello tendrán que caer jugadores que han costado considerable inversión al Club y han defraudado al propio Club, y a la afición; por tal motivo se ha decidido dar de baja al jugador Héctor R. Veira, quien es de todos reconocido, inclusive de los entrenadores que han trabajado con el Club, considerándolo como un "jugador problema".
El Club de Futbol Laguna está dispuesto a continuar con esta "limpia" de jugadores y ha solicitado de quienes se queden, toda su colaboración, dedicación, trabajo y una alta labor de equipo, para lograr salir de la situación tan apremiante, y confía en que el plantel de jugadores tiene suficiente capacidad para salir adelante.
CLUB DE FUTBOL LAGUNA, A.C.


De Héctor Veira se tienen muy buenos recuerdos por parte de la afición lagunera por lo hecho dentro del terreno de juego. Pero, hay que decirlo, lo declarado en el programa referido es falso... y una falta de respeto a su ex compañero Blas Sánchez.

jueves, 21 de agosto de 2014

QUE FARSA! por Andrés Calamaro

Sobre las incongruencias e hipocresías de algunos.

Andrés Calamaro
Andrés Calamaro (Buenos Aires, 22 de agosto de 1961), famoso cantautor y productor, a pesar de haber nacido en una tierra no taurina, es un convencido defensor de ésta. Además de ser capaz de captar los valores estéticos, sociales, culturales y metafísicos de la Fiesta Brava, Calamaro expone frecuentemente sus razones a favor de la misma, así como su desacuerdo con las incongruencias de quienes desean imponer un nuevo orden mundial, alineado -y alienado- en torno a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que cabildean para imponer su agenda, hecho que conlleva borrar identidad y tradiciones hispanoamericanas en favor de costumbres anglosajonamente insípidas.

A continuación, su texto más reciente acerca del tema en cuestión.

Qué farsa!


Soy carnívoro cultural, no me confundo pensando (ni mucho menos ventilando alegremente) que soy un cazador que necesita de la ingesta de carne -de mamíferos- para sobrevivir; como carne y derivados animales (como queso o huevos) para deleitarme con suculentos platos preparados con artesanía y con ciencia culinaria, por restauradores o personas que saben preparar comida rica merced la tradición o la practica. 

Se que compartir un opíparo asado es un ejercicio pornográfico y cínico en un mundo que muere (literalmente) de hambre, no por eso repudio a otros como yo que comen rico, ni a aquellos que riegan sus comilonas con caldos añejados en roble, fermento de la vid, otros seres vivos: las uvas. Desde mis lejanas y púberes vacaciones que me permito pescar con boyita o plomada sin culpa, y me gustaría tener un fin de semana para practicar la pesca del dorado, o el surubí, en el Paraná correntino. Y volvería a deleitarme con la parrilla -o la milanesa- mesopotámica, aun sabiendo que aquellos peces pescados murieron para mi placer deportivo o sibarita, puesto que comiendo hierba (pasto) podría alimentarme y crecer fuerte como un caballo, grandioso como un elefante o cualquier otro animal vegano de respetables hechuras. 

Otro asunto que no levanta ampollas en la opinión publica es el uso de cosméticos o cremas para mejorar la piel, para cuya ciencia se sacrifican ya no miles, sino millones de mamíferos en Europa o donde sea que los laboratorios desarrollan asuntos cosméticos o medicinas de otra índole, incluso aquellas que salvan vidas humanas, solamente las vidas que puedas pagar los tratamientos. Porque el gran crimen del que somos cómplices es la desigualdad y los mas brutales asesinatos son el hambre y la guerra. Mucho menos espantoso es el fraude de ternura que supone adoptar mamíferos y castrarlos para que se adapten a nuestra vida sedentaria en apartamentos y hacerlos orinar una vez por día. Enérgicamente desapruebo la deforestación y su consiguiente desastre ecológico, sin embargo no propongo prohibir la literatura y celebro que tantos grandes autores hayan publicado en papel impreso, cuando la opción editorial era una sola y no existían las pantallas digitales fabricadas por trabajadores esclavos en países de oriente. 

La mayoría de los canallas que lean estos ingeniosos párrafos estarán de acuerdo en protestar por el hambre y la guerra, algunos mas sensibles sentirán piedad por el surubí de las milanesas, por las ratas de laboratorio, por los arboles talados y los cachorros castrados. Pero de ahí a prohibir la libre tenencia de mascotas, la existencia de restaurantes, celebrar asados o comer libremente en un restaurante, hay una distancia sideral. Llamar hijo de puta a cualquiera que se pasea con un perro es exagerado. Leer el periódico como pasatiempo y (de paso) enterarse que en Siria asesinaron a cien mil es una paradoja. Hay que tragarse todo esto, lo anteriormente citado y al periodista degollado … masticarlo, tragarlo y digerirlo. No volver a leer un libro impreso en papel, ni desear electrónica fabricada en el lejano oriente, no usar alianzas de oro ni camisetas de algodón, jamás sentarse a comer un asado por el mero placer de compartir la rica carne a la barbacoa con amigos o parientes. Y limpiarse el culo con la mano. 

El siguiente paso será desconfiar de la ficción. ¿Por qué? Porque el cine de terror, las películas bélicas, muchos cuadros en los museos -incluso la biblia- recrean escenas sanguinarias y (aunque virtual y arte) también es una forma de violencia. Visto este panorama, protestar por la existencia de las corridas de toros es de una ingenuidad imperdonable, pero incubar un sentimiento de desprecio inquisitorial es infantil y –desde todo punto de vista- imperdonable. No cualquiera va a percibir los destellos de arte en la pintura abstracta, el free jazz o el cine de Bergman. Es probable que necesitemos ofrecer nuestra conciencia, darnos tiempo para aprender a ver y escuchar; la mayoría sabemos que muchas cosas que no entendimos valen la pena a pesar de nosotros. De ahí a levantar indignados la voz para llamar asesino al carnicero -o a Ornette Coleman- hay una distancia sideral que, inequívocamente, te convierte en ingenuo ignorante o en un triste hijo de mil putas (aun sin darte cuenta, puesto que desde tempranas edades te entrenan para no darte cuenta de tantas cosas que importan).

Nada que llame demasiado la atención en un mundo idiota que vive equivocándose.




Y para razones, diez mas y perfectamente explicadas:
http://descabellos.blogspot.com.ar/2014/08/10-razones-para-que-vuelvan-las.html

______________________________________

Liga a artículo original: http://www.calamaro.com/2014/08/que-farsa/


sábado, 12 de abril de 2014

La historia de un "referí" cualquiera, por Osvaldo Soriano

El “Referí” Gallardo Pérez, por Osvaldo Soriano

Hagamos una breve remembranza de los acontecimientos de violencia en las tribunas que se han suscitado en estos últimos años: los destrozos de unos vándalos queretanos en el “Diez de Diciembre”; las broncas callejeras a las afueras de Ciudad Universitaria en cada ocasión en que la U.N.A.M. y América se encuentran; los escandalitos - con herido grave incluido – después de cada clásico regiomontano; los inadaptados seguidores de América que, en un partido ante Sao Caetano por la Copa Libertadores llegaron a aventar a la cancha una carretilla; y el más reciente, el vergonzoso espectáculo de los seguidores de Guadalajara en el clásico tapatío, quienes estuvieron a punto de linchar a varios elementos de la policía, son algunos ejemplos enunciativos, mas no los únicos. Anteriormente se habían dado algunos como aquel que sucedió en la temporada 1987-88, cuando alguien en el estadio Marte R. Gómez de Cd. Victoria aventó un envase de vidrio a la cancha; el árbitro Bonifacio Núñez lo recogió, se lo guardó en la bolsa posterior de su pantaloncillo y caminó para entregarlo al Inspector Autoridad; cuando se dirigía a hacerlo, un sujeto se le acercó, le sacó el envase de la bolsa y, con ese mismo envase de vidrio, lo golpeó en la cabeza; afortunadamente, lo cabezadura del buen Boni le evitó que este penoso accidente le causara lesiones qué lamentar. También fue penoso el incidente de invasión de cancha en aquella ocasión en la que Zacatepec descendió por última ocasión, con bronca generalizada en el “Coruco Díaz”.

A propósito de lo anterior, recordé un cuento del gran escritor argentino Osvaldo Soriano (1943-1997) en el que nos relata un ejemplo de hinchadas orgullosas y salvajes. Desafortunadamente, no está – en algunos casos – nada lejos de la realidad.

Gallardo Pérez, referí1

Osvaldo Soriano

Osvaldo Soriano
Cuando yo jugaba al fútbol, hace más de veinte años, en la Patagonia, el referí era el verdadero protagonista del partido. Si el equipo local ganaba, le regalaban una damajuana2 de vino de Río Negro; si perdía, lo metían preso. Claro que lo más frecuente era lo de la damajuana, porque ni el referí, ni los jugadores visitantes tenían vocación de suicidas.

Había, en aquel tiempo, un club invencible en su cancha: Barda del Medio. El pueblo no tenía más de trescientos o cuatrocientos habitantes. Estaba enclavado en las dunas, con una calle central de cien metros y, más allá, los ranchos de adobe, como en el far-west. A orillas del río Limay estaba la cancha, rodeada por un alambre tejido y una tribuna de madera para cincuenta personas. Eran las "preferenciales", las de los comerciantes, los funcionarios y los curas. Los otros veían el partido subidos a los techos de los Ford A o a las cajas de los camiones de la empresa que estaba construyendo la represa.

Todos nosotros estábamos bajo el influjo del maravilloso estilo del Brasil campeón del mundo, pero nadie lo había visto jugar nunca: la televisión todavía no había llegado a esas provincias y todo lo conocíamos por la radio, por esas voces lejanas y vibrantes que narraban los partidos. Y también por los diarios, que llegaban con cuatro días de atraso, pero traían la foto de Pelé, el dibujo de cómo se hacía un cuatro-dos-cuatro y la noticia de la catástrofe argentina en Suecia.

Yo jugaba en Confluencia, un club de Cipolletti, pueblo fundado a principios de siglo por un ingeniero italiano que tenía un monumento en la avenida principal. Todavía las calles no habían sido pavimentadas y para ir al fútbol los domingos de lluvia había que conseguir camiones con ruedas pantaneras. Confluencia nunca había llegado más arriba del sexto puesto, pero a veces le ganábamos al campeón. Muy de vez en cuando, pero le dábamos un susto.

Ese día teníamos que jugar en la cancha de Barda del Medio y nunca nadie había ganado allí. Los equipos "grandes" descontaban de sus expectativas los dos puntos3 del partido que les tocaba jugar en ese lugar infernal. Los muchachos de Barda del Medio, parientes de indios y chilenos clandestinos, eran tan malos como nosotros suponíamos que eran los holandeses o los suecos. Eso sí, pegaban como si estuvieran en la guerra. Para ellos, que perdían siempre por goleada como visitantes, era impensable perder en su propia casa.

El año anterior les habíamos ganado en nuestra cancha cuatro a cero y perdimos en la de ellos por dos a cero con un penal y piadoso gol en contra de Gómez, nuestro marcador lateral derecho. Es que nadie se animaba a jugarles de igual a igual porque circulaban leyendas terribles sobre la suerte de los pocos que se habían animado a hacerles un gol en su reducto. 
Entonces, todos los equipos que iban a jugar a Barda del Medio aprovechaban para dar licencias a sus mejores jugadores y probar a algún pibe que apuntaba bien en las divisiones inferiores. Total, el partido estaba perdido de antemano. El referí llegaba temprano, almorzaba gratis y luego expulsaba al mejor de los visitantes y cobraba un penal antes de que pasara la primera hora y la tribuna empezara a ponerse nerviosa. Después iba a buscar la damajuana de vino y en una de ésas, si la cosa había terminado en goleada, se quedaba para el baile.

Ese día inolvidable, nosotros salimos temprano y llevamos un equipo que nos había costado mucho armar porque nadie quería ir a arriesgar las piernas por nada. Yo era muy joven y recién debutaba en primera y quería ganarme el puesto de centro delantero con olfato para el gol. Los otros eran muchachos resignados que iban para quedarse en el baile y buscar una aventura con las pibas de Las Chacras.

Después del masaje con aceite verde, cuando ya estábamos vestidos con las desteñidas camisetas celestes, el referí Gallardo Pérez, hombre severo y de pésima vista, vino al vestuario a confirmar que todo estuviera en orden y a decirnos que no intentáramos hacernos los vivos con el equipo local. Le faltaban dos dientes y hablaba a tropezones, confundiendo lo que decía con lo quería decir.

Le dijimos - y éramos sinceros - que todo estaba bien y que tratara, a cambio, de que no nos arruinaran las piernas. Gallardo Pérez prometió que se lo diría al capitán de ellos, Sergio Giovanelli, un veterano zaguero central que tenía mal carácter y pateaba como un burro.

Ni bien saludamos al público que nos abucheaba, el defensa Giovanelli se me acercó y me dijo: "Guarda, pibe, no te hagas el piola porque te cuelgo de un árbol". Miré detrás de los arcos y allí estaban, pelados por el viento, los siniestros sauces donde alguna vez habían dejado colgado a algún referí idealista. Le dije que no se preocupara y lo traté de "señor". Giovanelli, que tenía un párpado caído surcado por una cicatriz, hizo un gesto de aprobación y fue a hacerles la misma advertencia a los otros delanteros.

La primera media hora de juego fue más o menos tranquila. Empezaron a dominarnos pero tiraban desde lejos y nuestro arquero, el Cacho Osorio, no podía dejarla pasar porque habría sido demasiado escandaloso y nos habrían linchado igual, pero por cobardes. Después dieron un tiro en un poste y el Flaco Ramallo sacó varias pelotas al córner para que ellos vinieran a hacer su gol de cabeza.

Pero ese día, por desgracia, estaban sin puntería y sin suerte. Todos hicimos lo posible para meter la pelota en nuestro arco, pero no había caso. Si el Cacho Osorio la dejaba picando en el área, ellos la tiraban afuera. Si nuestros defensores se caían, ellos la tiraban a las nubes o a las manos del arquero.

Al fin, harto de esperar y cada vez más nervioso, Gallardo Pérez expulsó a dos de los nuestros y les dio dos penales. El primero salió por encima del travesaño. El segundo dio en un poste. Ese día, como dijo en voz alta el propio referí, no le hacían un gol ni al arco iris. El problema parecía insoluble y la tribuna estaba caldeada. Nos insultaban y hasta decían que jugábamos sucio. Al promediar el segundo tiempo empezaron a tirar cascotes4.

El escándalo se precipitó a cinco o seis minutos del final. El Flaco Ramallo, cansado de que lo trataran de maricón, rechazó una pelota muy alta y yo piqué detrás de Giovanelli, que retrocedía arrastrando los talones. Saltamos juntos y en el afán de darme un codazo pifió la pelota y se cayó. La tribuna se quedó en silencio, un vacío que me calaba los huesos mientras me llevaba la pelota para el arco de ellos, solo como un fraile español.

El arquerito de Barda del Medio no entendía nada. No sólo no podían hacer un gol sino que, además, se le venía encima un tipo que se perfilaba para la izquierda, como abriendo un ángulo de tiro. Entonces salió a taparme a la desesperada, consciente de que si no me paraba no habría noche de baile para él y tal vez hasta tendría que hacerme compañía en el árbol de fama siniestra. Él hizo lo que pudo y yo lo que no debía. Era alto, narigón, de pelo duro, y tenía una camiseta amarilla que la madre le había lavado la noche anterior. Me amagó con la cintura, abrió los brazos y se infló como un erizo para taparme mejor el arco. Entonces vi, con la insensatez de la adolescencia, que tenía las piernas arqueadas como bananas y me olvidé de Giovanelli y de Gallardo Pérez y vislumbré la gloria.

Le amagué una gambeta y toqué la pelota de zurda, cortita y suave, con el empeine del botín, como para que pasara por ese paréntesis que se le abría abajo de las rodillas. El narigón se ilusionó con el driblin y se tiró de cabeza, aparatoso, seguro de haber salvado el honor y el baile de Barda del Medio. Pero la pelota le pasó entre los tobillos como una gota de agua que se escurre entre los dedos.

Antes de ir a recibirla a su espalda le vi la cara de espanto, sentí lo que debe ser el silencio helado de los patíbulos. Después, como quien desafía al mundo, le pegué fuerte, de punta, y fui a festejar. Corrí más de cincuenta metros con los brazos en alto y ninguno de mis compañeros vino a felicitarme. Nadie se me acercó mientras me dejaba caer de rodillas, mirando al cielo, como hacía Pelé en las fotos de El Gráfico.

No sé si el referí Gallardo Pérez alcanzó a convalidar el gol porque era tanta la gente que invadía la cancha y empezaba a pegarnos, que todo se volvió de pronto muy confuso. A mí me dieron en la cabeza con la valija del masajista, que era de madera, y cuando se abrió todos los frascos se desparramaron por el suelo y la gente los levantaba para machucarnos la cabeza.

Los cinco o seis policías del destacamento de Barda del Medio llegaron como a la media hora, cuando ya teníamos los huesos molidos y Gallardo Pérez estaba en calzoncillos envuelto en la red que habían arrancado de uno de los arcos.

Nos llevaron a la comisaría. A nosotros y al referí Gallardo Pérez. El comisario, un morocho aindiado, de pelo engominado y cara colorada, nos hizo un discurso sobre el orden público y el espíritu deportivo. Nos trató de boludos irresponsables y ordenó que nos llevaran a cortar los yuyos5 del campo vecino.

Mientras anochecía tuvimos que arrancar el pasto con las manos, casi desnudos, mientras los indignados vecinos de Barda del Medio nos espiaban por encima de la cerca y nos tiraban más piedras y hasta alguna botella vacía.

No recuerdo si nos dieron algo de comer, pero nos metieron a todos amontonados en dos calabozos y al referí Gallardo Pérez, que parecía un pollo deshuesado, hubo que atenderlo por hematomas, calambres y un ataque de asma. Deliraba y en su delirio insensato confundía esa cancha con otra, ese partido con otro, ese gol con el que le había costado los dos dientes de arriba.

Al amanecer, cuando nos deportaron en un ómnibus destartalado y sin vidrios, bajo la lluvia de cascotes, nuestro arquero, el Cacho Osorio, se acercó a decirme que a él nunca le habrían hecho un gol así. "Se comió el amague, el pelotudo", me dijo y se quedó un rato agachado, moviendo los brazos, mostrándome cómo se hacía para evitar ese gol.

Cuando se despertó, a mitad de camino, Gallardo Pérez me reconoció y me preguntó cómo me llamaba. Seguía en calzoncillos pero tenía el silbato colgando del cuello como una medalla.

- No se cruce más en mi vida - me dijo, y la saliva le asomaba entre las comisuras de los labios-. Si lo vuelvo a encontrar en una cancha lo voy a arruinar, se lo aseguro.

- ¿Cobró el gol? - le pregunté. - ¡Claro que lo cobré! - dijo, indignado, y parecía que iba a ahogarse - ¿Por quién me toma? Usted es un pendejo fanfarrón, pero eso fue un golazo y yo soy un tipo derecho.

- Gracias - le dije y le tendí la mano. No me hizo caso y se señaló los dientes que le faltaban.

- ¿Ve? - me dijo -. Esto fue un gol de Sívori de orsai6. Ahora fíjese dónde está él y dónde estoy yo. A Dios no le gusta el fútbol, pibe. Por eso este país anda así, como la mierda.

______________________________


  1. "Referí" es un argentinismo. Así se le nombra al árbitro, en alusión al término inglés "Referee".
  2. Garrafa, generalmente de forma esférica, normalmente de tamaño grande.
  3. Es preciso recordar que, en aquellos tiempos, se otorgaban dos puntos por partido ganado y no tres como en la actualidad.
  4. Piedra pequeña, pedazo de escombro, cascajo.
  5. Maleza, hierba mala.
  6. Otro argentinismo. Derivado del término inglés "Off Side": "fuera de lugar".

martes, 31 de diciembre de 2013

Los botines - Jorge Valdano. Feliz 2014

Reflexión futbolera de fin de año.

Al terminar este año 2013, se vuelve época de reflexión, análisis y propósitos para el ciclo por iniciar. Durante este año que termina convivimos, debatimos, discrepamos, complementamos nuestras opiniones sobre la vida en general, el deporte en particular, y el futbol en especial.

Comparto un pequeño pensamiento llamado "Los botines", con el que el Maestro Jorge Valdano culmina su libro "El miedo escénico y otras hierbas" (Madrid, 2002; Pp 322-324). 


Jorge Valdano
Mi hermano tiene cuarenta y cinco años y es un serio abogado hasta en el gesto, pero a mi madre no la engaña: "cuando se pone los botines de fútbol vuelve a tener ocho años", me cuenta. Ella sabe que ahí se acaba el abogado con cara de malo porque el fútbol lo devuelve a la inocencia del juego; y yo, el envidiado que supo hacer del juego una profesión, termino envidiándole la autenticidad de su sentimiento, acaso porque, con el tiempo, el fútbol se me fue contaminando de seriedad, una perversión inevitable.

Me hice entrenador para estar lo más cerca posible del campo, pero descubrí que no hay antídoto para los otros males del banquillo. Delante de mí están los que me recuerdan el placer perdido (los jugadores) y detrás, los que me recuerdan el deber actual (los aficionados). Eso de no jugar pero tener la culpa tiene algunos inconvenientes que no había valorado lo suficiente. Cuando era entrenador del Tenerife, un aficionado me gritaba: "siéntate, payaso!", alguna de las veces que me ponía de pie para impartir una orden. Me cuentan que a la temporada siguiente el mismo tipo se desesperaba al grito de "Levántate, vago!", cuando el nuevo entrenador respondía sin inmutarse a los desarreglos del equipo. El personaje no es más tarado que otros muchos que van al estadio sólo a cazar culpables. Si un aficionado propio no es capaz de ponerse de acuerdo consigo mismo sobre un aspecto secundario del juego, acordemos como imposible contentar a miles que miran el partido con la emoción desbordada por misteriosas reacciones.

Al fin y al cabo jugamos para volver a la infancia
El hincha es un profeta implacable de las cosas que ya ocurrieron: juega con opiniones, las adapta, las cambia; fútbol ficción que también quisiéramos practicar los entrenadores, únicos con el poder de convertir las ideas en decisiones pero con el fastidio de tener que comprobarlas en el campo. El jugador es un héroe con un discurso muscular que sólo se puede rechazar, pero el arma del entrenador es la palabra, y el aficionado, que también la tiene, se siente con el derecho y el deber casi patriótico de usarla para discutir, rebatir o contrariar.

El sentido de posesión del hincha lo acerca o lo aleja de sus ídolos por una identificación sincera y afectiva que siempre empieza y termina en los colores de la camiseta. Camiseta que no llevamos los entrenadores, "payasos", "vagos" y hasta "sabios", a los que se puede llegar a respetar pero muy difícilmente a adoptar.

Las actuaciones de los jugadores son valoradas al instante con exclamaciones que llevan implícita una carga de amor o de odio, información tensionada por una emoción que de cuando en cuando estalla en gritos de miles. El juicio al entrenador es sumario y suele dejarse para el final. Lo único que nos vuelve inocentes es el triunfo, y por el servilismo que producen los buenos resultados, hasta nos asignan un estilo si es que llegamos a ser campeones. De la derrota somos la primera víctima y nos sustituirá un colega que vendrá como solución, después de haber sido echado de otro equipo como problema. Paradoja que me gustaría cerrar en el patio de mi casa, junto a mi hermano, poniéndonos las botas para irnos a jugar un partido que promete mucho de puro gratuito. Sería imprescindible que mi madre nos mirara con una sonrisa: al fin y al cabo jugamos para volver a la infancia.

Recordemos siempre eso: el futbol es lo más importante... de las cosas menos importantes.

Que la paz, la salud, la unión, la alegría y la abundancia estén con ustedes hoy y siempre.

Feliz 2014.

Enrique Macías M.

martes, 25 de junio de 2013

Recordando a Argentina 78 - 25 de junio

25 de junio: Tango argentino

Argentina vs Holanda (15:00)
 
Llega el día más esperado de la Copa del Mundo: el día de la definición. En el estadio Monumental de Buenos Aires saltan a la cancha los finalistas en busca del trofeo más prestigiado del orbe.
 
Argentina inicia con Ubaldo Fillol en la portería; Daniel Bertoni, Américo Gallego, Luis Galván, Mario Kempes, Leopoldo Luque, Jorge Olguín, Óscar Ortiz, Daniel Passarella y Alberto Tarantini. Mientras que Holanda alinea a Jan Jongbloed bajo los tres palos; Jan Poortvliet, Ruud Krol, Wim Jansen, Arie Haan, René y Willy Van De Kerkhof, Rob Rensenbrink, Johan Neeskens, Johnny Rep y Ernie Brandts.
 
Tras el silbatazo inicial por parte del árbitro italiano Sergio Gonella, ambos equipos brindan su mejor esfuerzo por llevarse el trofeo. Holanda tiene más llegada durante la primera mitad, pero sin contundencia. Son los albicelestes quienes se van adelante en el marcador cuando Mario Kempes recibe balón en las afueras del área holandesa, se mete entre dos defensores y alcanza a puntear ante la salida del arquero Jongbloed para anotar el gol de la quiniela.
 
En la segunda parte el encuentro se empata. Dick Nanninga, quien había ingresado en lugar de Johnny Rep, conecta de cabeza un servicio enviado desde la banda derecha y, aprovechando un error de colocación del arquero Fillol, remata de cabeza entre los defensores centrales locales para empatar el encuentro cuando corría el minuto 82. Sobre la hora, los chés se salvan cuando un disparo de Rob Rensenbrink se estrella en el poste. De esta manera el encuentro termina empatado a un gol y deberán jugarse dos tiempos extra de 15 minutos cada uno.
 
En el tiempo extra continúan las emociones. El marcador se mueve cuando el primer tiempo extra estaba por finalizar, cuando Mario Kempes vuelve a entrar al área eludiendo a la defensa holandesa, lanza disparo que es rebotado por el arquero Jongbloed con tan mala fortuna que la pelota vuelve a caer a los pies de Kempes, quien la empuja a la red en una jugada riñonuda.
 
Para el segundo tiempo extra la ventaja argentina se acrecenta cuando Mario Kempes intenta horadar la defensa naranja haciendo pared con Daniel Bertoni, quien anota el gol definitivo del encuentro y el campeonato.

Culminaba el encuentro y la XI Copa del Mundo Argentina 1978. Argentina, dirigida por César Luis Menotti, se inscribe en la lista de selecciones Campeonas del Mundo junto a Uruguay, Italia, Alemania, Brasil e Inglaterra. Holanda por su parte, se vuelve a quedar en la orilla. Termina la era de la Naranja Mecánica: un estilo que revolucionó el futbol aunque nunca ha podido levantar la Copa FIFA.
 
 
 


 
Video del encuentro completo.