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martes, 30 de diciembre de 2014

Tauromaquia: El ejemplo francés, por Horacio Reiba

Un ejemplo a seguir de cómo defender la Tauromaquia

En el siguiente artículo, el periodista Horacio Reiba reseña el ejemplo francés sobre cómo se logró blindar la Fiesta Brava en aquel país, a pesar de la protesta violenta del lobby antitaurino. En el resto del mundo taurino también debe funcionar.


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Tauromaquia: El ejemplo francés

Es evidente que la fiesta de toros no vive su momento mejor. Al embate de una crisis económica interminable hay que sumar el de los taurofóbicos de todo signo, que han pasado de la amenaza a la acción con inquietantes resultados, especialmente en América del Sur, donde el nefasto ejemplo de Barcelona se extiende como mancha de aceite.

Y para no ir más lejos, en la capital mexicana, la Asamblea Legislativa barrió ya con los circos con animales y anuncia que va por más, ante la pazguata indiferencia de toreros, taurinos y aficionados, que siguen jugando al toro como si nada pasara. Por otra parte, en España ha sido 2014 el año con menor número de corridas del siglo XXI. Y también, aunque en menor medida, la temporada francesa se encogió.

Sin embargo, Francia es el país mejor pertrechado para resistir el embate taurofóbico. Y lo que han hecho y logrado las ciudades taurinas de este país bien podría servir de faro orientador para conseguir que la superviviencia de la Fiesta en México y los demás países amenazados o asolados ya por esta nueva forma de censura, prohibicionismo incompatible con el respeto a la cultura y la libre elección del ciudadano de las artes y espectáculos de su preferencia.

Vieja aspiración, nuevos aristas

Las prohibiciones contra la tauromaquia son de antigua data en Europa y América. Ya una vez, Felipe II le encomendó a fray Luis de León que expusiera ante el papa Pío V las vastas razones históricas por las cuales no procedía su excomunión a los toreadores españoles del siglo XVI.

Pero lo que hasta hace poco podía considerarse anecdótico – la aversión hacia los toros de determinados personajes y grupos - cobra aspectos de suma gravedad al despuntar este siglo XXI, dada la existencia de un movimiento internacional perfectamente orquestado cuyos primeros frutos, a partir de Barcelona, no pueden ser más inquietantes.

Por el contrario, el esfuerzo común del taurinismo galo y su exitosa culminación debieran servir de ejemplo a las aficiones de países con su cultura y su sensibilidad taurina seriamente cuestionadas.

Rígidas exigencias

El documento presentado ante el Ministerio de Cultura de la V República Francesa fue fruto de cuidadosa elaboración por un Observatorio que aglutinaba a todos los actores nacionales de la fiesta. El argumentario final fue debatido con todo cuidado por diversos comités internamente constituidos (el Comité ético y el Comité Científico a la cabeza), de modo que su texto se ajustase tanto a definir exhaustivamente los valores de la tauromaquia, como a los lineamientos establecidos en las convenciones de la UNESCO de 2003 y 2005 sobre patrimonio cultural inmaterial, que por cierto no dan cabida a unos hipotéticos derechos animales, pero sí incluyen una compleja serie de exigencias.

Los requisitos básicos parten de que sea un bien cultural reconocido como tal en función de los valores que representa; que exista una comunidad activa dedicada a la construcción, práctica, evaluación y continuidad intergeneracional del mismo; que cuente con simbología, lenguaje y objetos y objetivos propios; que quede claramente especificada la noción de sus “buenas prácticas”, en oposición a aquellas que no lo sean; y que se encuadre en alguna de los cinco categorías que la institución multinacional señala (los toros podrían caber por lo menos en dos de ellas: artes del espectáculo y usos sociales, rituales y actos festivos).

Saber unirse

Un elemento esencial fue la participación unificada de absolutamente todos los actores del país galo relacionados con la tauromaquia: desde ganaderos, matadores y subalternos hasta uniones y asociaciones de aficionados, cronistas y académicos. Además, la solicitud fue firmada por los alcaldes de las 57 ciudades taurinas de Francia, procedentes de partidos que abarcan todo el espectro político, desde comunistas hasta ultraconservadores.

Obsérvese en esta unidad en torno a un propósito superior –salvaguardar la cultura taurina del país-- la madurez ciudadana de los franceses, que ojalá pudiera encontrar réplica en los distintos actores y factores de la fiesta brava de nuestra república.

Entre Walt Disney y la corrección política

Cuando se supo que el documento había sido registrado ante el Ministerio de Cultura, el activismo de los grupos antitaurinos franceses aumentó de intensidad y volumen. Muy sólidas tuvieron que ser las razones invocadas en el argumentario del Observatorio y defendidas por sus representantes durante sus comparecencias ante el consejo ministerial nombrado para tratar y discutir el caso, no sólo porque éste estaba integrado por personas ajenas al mundo del toro y desconocedores de dicha tradición, sino por la repercusión en ellos de prejuicios sumamente arraigados en el mundo globalizado.

Un mundo más apegado a las redes sociales que al rigor de la dialéctica, y sometido a la influencia de tendencias tan en boga como la falaz humanización de los animales que tanto debe a las fantasías esparcidas por la casa Disney, más la viciosa adopción de lo políticamente correcto, corriente tan reduccionista como poderosa, que no puede ocultar unos orígenes en el neoconservadurismo anglosajón, y que parece haber incluido como objeto predilecto de sus anatemas precisamente a las corridas de toros.

Reacción de los antis
Al hacerse pública la aprobación de la corrida como patrimonio cultural inmaterial de Francia, los grupos antitaurinos arreciaron sus ataques, tanto contra miembros de los estamentos taurinos del país como contra personal del propio ministerio de cultura1. A injurias de todo tipo, militantes del antitaurinismo añadieron agresiones físicas contra personas y sus bienes. Lógicamente, estas manifestaciones de barbarie terminaron de convencer a la opinión pública de que no son precisamente la conmiseración por el sufrimiento animal ni la defensa de los hipotéticos derechos de las bestias lo que los mueve. Mucho menos una etérea superioridad moral sobre taurinos y taurófilos.

Por el contrario, tales manifestaciones de intolerancia y barbarie simplemente definen el talante oscurantista de quienes desean imponer una censura activa contra las corridas de toros, que a eso se resume el afán abolicionista tan en boga.

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1. Un ejemplo enunciativo, mas no limitativo de la violencia emprendida por los antitaurinos tras su derrota en Francia, fue el intento de incendiar la residencia de André Viard, presidente del Observatorio de las Culturas Taurinas. La nota en http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/26/toros/1311685370.html 


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