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martes, 2 de diciembre de 2014

En defensa de Chespirito, por Daniel Espartaco Sánchez

Análisis del fenómeno "Chespirito" y las reacciones de la sociedad ante su fallecimiento (Parte III)

Tras el fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños "Chespirito" el pasado viernes 28 de noviembre, la sociedad ha tenido reacciones de muy diversa índole: desde quienes lo lloran hasta quienes se han alegrado con su fallecimiento.

Por lo anterior, estaré publicando algunos análisis que recojo de la prensa. Ahora un escrito del escritor Daniel Espartaco Sánchez, escrito en el blog de la revista "Letras Libres", el pasado lunes 1 de diciembre:

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En defensa de Chespirito



Es muy difícil explicarles a los amigos argentinos o colombianos que en México Roberto Gómez Bolaños Chespirito es visto con mucho desprecio por la clase progresista mexicana. Se le acusa de un montón de crímenes graves: de ser de derecha, de misógino, de estar en contra del aborto, de tener al pueblo mexicano sumido en la ignorancia al ser cómplice de un sistema (Televisa-el Estado) que ha manipulado las mentes de varias generaciones de mexicanos, incapaces de pensar por su propia cuenta, etcétera.  Cualquiera que haya viajado por América del Sur habrá notado que cuando uno se presenta como mexicano lo que viene a continuación por parte de nuestro interlocutor es una mención al Chavo del Ocho. Pero no sólo es una mención, la cara de nuestro interlocutor se ilumina, sonríe, vuelve a ser niño. Y hablo de personas inteligentes que momentos antes discutían acalorados las políticas de Cristina Kirchner o algún pasaje de la historia argentina. No estoy hablando de esa gente ignorante del pueblo que según los progresistas mexicanos no saben lo que les convine tan sólo porque estuvieron expuestos al Chavo del Ocho cuando eran niños. La discusión va más o menos así: se pasa revista a los personajes de la vecindad, se recuerdan algunas frases memorables, el capítulo donde el Chavo se encuentra unos dólares del señor Barriga y los confunde con billetes de juguete, etcétera.
Pero al hablar de Chespirito hay que hacer algunas aclaraciones generacionales. Los programas que trasmitieron en Argentina eran aquellos filmados en los años setenta, cuando en el elenco aún estaban Ramón Valdés, como Don Ramón, y Carlos Villagrán, como Kiko; aquellos programas que podríamos considerar como la época de oro de Chespirito. Los argentinos de mi generación no vieron los mismos programas que vimos en México en la década de 1980, donde la vecindad del Chavo siguió existiendo con personajes que intentaron suplir pobremente a Kiko y Don Ramón, como Jaimito el cartero. Recuerdo que cuando yo era niño, un vecino más grande que yo me dijo:
—El Chavo del Ocho no es lo mismo sin Don Ramón.
El programa de Gómez Bolaños siguió existiendo por casi dos décadas en las que asistimos a una lenta, pero muy lenta decadencia. Mis padres no me permitían verlo, y yo tampoco quería porque me aburrían las aventuras de los regenerados caquitos, el Chómpiras y el Botija, cuando trabajaban en un hotel o en una funeraria. Creo que en gran medida Gómez Bolaños fue todo un suceso en Argentina y Colombia porque los televidentes de estos países no presenciaron la decadencia del programa. Para ellos El Chavo del Ocho se quedó encapsulado en una época, y veían una y otra vez los mismos capítulos al grado de que —no deja de sorprender— se los saben de memoria.
Yo sí disfruto mirar los episodios del Chavo con Valdés y Villagrán. Si los progres los miraran sin prejuicios se darían cuenta de que incluso hasta tienen contenido social. Ahí se retrata a la típica clase media jodida mexicana (Doña Florinda y Kiko) que a pesar de vivir en una vecindad se dan aires de aristocracia. ¿Quién no ha tenido vecinos así? Si se dieran el tiempo de mirar estos episodios se darían cuenta además de que Don Ramón es un personaje sumamente complejo. En mi opinión no se ha escrito jamás de un tipo tan universal de mexicano: es un gandul, pero también posee una moralidad y una dignidad a prueba de balas, es violento, pero también compasivo, nada le sale bien, nunca tiene para pagar la renta, es cobarde, es valiente, es sumiso con Doña Florinda, intenta tomar ventaja de la Bruja del 71, pero los escrúpulos (tal vez un instinto de supervivencia) se lo impiden; Don Ramón tienepathos.
A lo mejor el programa sí está lleno de todas esas cosas malas que dicen. El tipo de comedia tampoco es complicada, pero es preferible a las porquerías que vemos ahora —La hora pico, Los Peluches, etcétera—; se basa en la repetición de los mismos chistes y situaciones una y otra vez; en las mismas frases: “es que no me tienen paciencia”, “cállate que me desesperas”. En algún momento el Chavo “sin querer queriendo” golpeará al señor Barriga  —un personaje melancólico y bienintencionado cuyo mayor defecto es poseer la propiedad—; Don Ramón le dará un pellizco a Kiko —violencia a los niños, dirán los progres— y Doña Florinda saldrá en su defensa: slapstick puro, nada más. Todas las situaciones vendrán con algunas variantes a partir de un objeto nuevo en el escenario: una pelota, unos billetes falsos, un fajo de periódicos, etcétera. La comedia de Chespirito nunca quiso ser como la de Shakespeare: era la televisión mexicana en los años setenta. Se trata de un producto sencillo, bien hecho, en donde lo previsible se vuelve parte de un rito y el televidente es parte de él porque conoce bien las reglas. Como sucede con la Commedia dell´Arte los personajes están tan bien definidos que las situaciones se escriben solas. Y guste o no, las frases de Chespirito ya están más que arraigadas en diferentes culturas latinoamericanas. Hay una frase de Chespirito para cualquier ocasión. Pero a lo mejor me equivoco; a lo mejor Chespirito era peor que el diablo, según todas esas personas inteligentes en las redes sociales que se alegraron de su muerte. Espero también que mis amigos progresistas me perdonen por haber escrito esta entrada. Se me chispotió, fue sin querer queriendo. Porque yo como digo una cosa digo la otra, ¿tengo o no tengo razón? 
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Liga al artículo original:
http://www.letraslibres.com/blogs/cuaderno-underdog/en-defensa-de-chespirito

Chespirito y el odio, por Álvaro Cueva

Análisis del fenómeno "Chespirito" y las reacciones de la sociedad ante su fallecimiento (Parte II)


Tras el fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños "Chespirito" el pasado viernes 28 de noviembre, la sociedad ha tenido reacciones de muy diversa índole: desde quienes lo lloran hasta quienes se han alegrado con su fallecimiento.

Por lo anterior, estaré publicando algunos análisis que recojo de la prensa. Ahora un escrito del periodista Álvaro Cueva, escrito en el diario "Milenio" el pasado domingo 30 de noviembre.

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Chespirito y el odio


Álvaro Cueva

Lo que más me duele de la muerte de Chespirito son todos los comentarios de odio a los que me estoy enfrentando en las redes sociales.
Ataques de gente que lo acusa de ser el responsable de la estupidez de los mexicanos, de promover el bullying, la violencia y la discriminación.
Y esto es nada. ¿Me creería si le dijera que hay personas que están sacando a colación la postura de don Roberto Gómez Bolaños hacia el PAN y hacia situaciones como el aborto para desprestigiarlo?
No, ¿y qué me dice de los especialistas que están aprovechando esto para tratar de perjudicar a Florinda Meza y para lucirse hablando de los supuestos conflictos que hubo entre los actores que tuvieron la oportunidad de trabajar con él?
Las críticas más patéticas son las que están saliendo de los que se sienten cultos, de los que no son capaces de leer un texto completo sin vaciar sus tripas en Twitter, pero que por haber paseado sus ojos por las lecturas de la escuela se sienten intelectuales.
Ya, el colmo, hay personas que están ofendiendo la memoria de Chespirito por promover la música clásica en sus programas.
¿Qué clase de personas somos? ¿En qué clase de país vivimos?
Para todo hay un momento y éste no es ni el de evaluar el nivel académico de la nación ni el de inventar chistes que involucren a este gran genio con nuestros políticos ni el de destacar lo malo.
La muerte de Chespirito tiene que ser un punto de unión para los mexicanos.
A lo mejor a usted le gustaban sus programas. A lo mejor, no. Probablemente ni siquiera los vio cuando se estrenaron. ¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?
A mí se me cae la cara de vergüenza porque mientras en otras partes del mundo los gobiernos están pidiendo un minuto de silencio para honrar a Chespirito, aquí le tiramos mierda al único hombre que ha sido capaz de hacer crítica social a través de la comedia en la más cerrada de nuestra industrias culturales.
A ver, ¿cuántos otros talentos mexicanos han conseguido la mitad de las cosas que Chespirito consiguió en vida?
¿Qué otros creadores de contenidos fueron capaces, en su momento, de ponérsele al tú por tú a Emilio Azcárraga Milmo y de grabar bajo sus propias condiciones?
¿Qué otros comediantes han construido universos tan complejos sobreviviendo a la censura como él?
Dígame, ¿quién más ha tenido el valor de convertir en comedia nuestras más dolorosas carencias como el autor de El Chavo y El Chapulín Colorado? ¡¿Quién?!
Roberto Gómez Bolaños era nuestro Moliére y es lamentable que mientras que en otros países hay libros que analizan su obra y universidades donde se estudian sus programas, aquí le tengamos miedo.
Porque, no nos hagamos tontos, Chespirito nos da miedo, nos da miedo porque nos dice cosas de nosotros que no nos gustan, que no queremos ver, que quisiéramos que no fueran ciertas.
Como nuestro profundo clasismo, como nuestra indiferencia hacia la miseria que nos rodea, como el abandono en que tenemos a nuestros niños, como el odio con el que tratamos al diferente, como el universo de máscaras y apariencias en el que nos movemos.
Y nos las dice con una escandalosa claridad, y nos las dice haciendo que nos riamos.
Toda esta campaña de odio que veo en tantos lados, especialmente en las redes sociales, me confirma que Roberto Gómez Bolaños era verdaderamente grande.
Porque solo los grandes consiguen afectar a tantas personas. Y si no me cree, échese un clavado por la historia y vea cómo muchos de los más importantes artistas de todos los tiempos han sido personas tan atacadas como él.
Para entender a Chespirito hay que conocer su vida y su obra, hay que entender el contexto histórico, creativo, tecnológico y social en el que se movió.
Don Roberto batalló mucho, recibió castigos por parte de Televisa, pero nunca se rindió.
Y, lo más hermoso, jamás dejó ni de crear ni de atender a su público en toda América Latina y en una época donde ni siquiera existían las palabras globalización e internet.
Qué dolor, de veras, ver todo este odio, toda esta confusión, todo este caos.
Definitivamente nos merecemos el país que tenemos y por eso hoy no hay alguien ni ligeramente parecido a don Roberto en la industria de la televisión mexicana. Es más, ni comedia tenemos.
Gocen, intelectuales. Eso es lo que querían, ¿no?

¡atrévase a opinar!